Gramática

Diferencia entre «bastante» y «mucho»

Un apreciado amigo me envió una nota con una amable crítica sobre la diferencia de uso entre los indefinidos «bastante» y «mucho». Primero me hizo notar que había usado esas dos palabras como si fueran equivalentes en una entrevista.

Me recordó que dije algo así como «que había bastante información, pero que era innecesaria» y, en otro momento, afirmé que «ya habíamos agradecido mucho la colaboración de cierta persona y ya no hablaríamos del tema». Es decir, que había usado, equivocadamente, los dos términos como indicativos de cantidad excesiva. Y tenía razón. Resulta que el término «bastante», en su primera acepción, expresa «suficiente, que basta» y «mucho», en su segunda acepción, se refiere a «que excede a lo ordinario».

Por lo tanto, los enunciados referidos deberían corregirse de la siguiente manera:

  1. Había «bastante» información, pero que era innecesaria / había «mucha» información (abundante, excesiva).
  2. Ya habíamos agradecido «mucho» la colaboración de cierta persona / ya habíamos agradecido «bastante» la colaboración de cierta persona (lo suficiente).

Otros ejemplos, si de algo sirven: Ya tenemos «bastante» con esto (suficiente) / tengo «muchos» problemas (excesivos).

Para cerrar esta parte, podría haberme defendido aduciendo que ambos términos tienen varias acepciones y que, en algunas de ellas, puede haber dudas en el uso. Sin embargo, hubiera sido un escamoteo poco hidalgo porque, efectivamente, en el contexto de la conversación, era evidente que había errado en el propósito. Hasta aquí, creo que es «bastante» información y, si sigo por este camino, causaré «mucho» aburrimiento.

Ahora bien, es probable que más de un lector (de los que han tenido la paciencia de llegar hasta aquí) se pregunte si todo este afán de precisión lingüística es realmente útil en el proceso ordinario de comunicación. Después de todo, ¿no es el propio contexto el que ayuda a entender el sentido de los enunciados? El contexto y una adecuada concentración o comprensión lectora por supuesto. De otro lado, ¿acaso no es la lengua la que se tiene que acomodar a las necesidades del hablante y no al revés?  Al menos, eso plantean algunos entendidos.  Algo más, la sociedad ¿no tiene mayores problemas que superar como para gastar el tiempo en perfeccionar una lengua que, incluso, está siendo acusada de poco representativa del sentir nacional?

Puede ser. Pero mientras se decantan estas y otras ideas, siempre es mejor pulir las irregularidades de nuestra lengua para lograr una comunicación más eficiente. Después de todo ya es «bastante» con los avatares políticos y nunca será «mucho» recibir consejo de un amigo.

Autor


Avatar

Richar Primo

Profesor, periodista y narrador. Se ha desempeñado como profesor de periodismo, lengua, literatura, redacción general y especializada en diversas instituciones.