«23 canciones sin música» de Chano Díaz Límaco (comentario)
No tengo la habilidad para criticar poesía. Tan solo soy un un simple lector que se estremece con ella cuando sus versos tocan algunas fibras de mi interior. No puedo explicar las razones de fondo y forma que hacen bueno a un poema: sencillamente este me alcanza y me hechiza. Pero sí tengo algo muy claro: que la poesía es una energía que  trasciende su  forma verbal y se hace presente en todas las artes. Yo – y lo digo con la torpeza de un neófito -. encuentro poesía en un buen cuadro, en una escultura bien hecha, en la melodía de una grata canción.
Y precisamente esa conjunción es la que acabo de encontrar en el poemario «23  canciones sin música» publicado por Chano Díaz Límaco, músico y productor ayacuchano,  varias veces premiado por sus trabajos de música andina. Veintitrés poemas que, inicialmente, eran los borradores para las letras de algunas canciones que el músico estaba preparando. ¿Qué pasó? Pues que las letras empezaron a tomar su propio vuelo y convencieron al músico de dejarlas ser solo versos.
He leído de un tirón todos los poemas. Lo hice apenas se disolvieron los efectos de la resaca sufrida por la presentación del poemario. Encuentro algunos poemas mejores que otros; aunque percibo que en todos hay algo que está siempre presente: una particular formar de entender el sentimiento andino desde una perspectiva diferente a la tradicional, pero, definitivamente,  con igual profundidad. En los poemas no encuentro ni palabras ni apelaciones  directas al mundo andino,  ni siquiera un intento de esa típica sintaxis que busca una conexión con lo bucólico del Ande. Sin embargo, al finalizar, hay un sentimiento de acordes sutilmente andinos que queda  flotando en el aire por un largo rato.
Creo que puede ser una grata experiencia la lectura de estos poemas. No solo por la calidad que pudieran tener, sino porque – por voluntad del propio autor, que bien vale la pena destacar – todos las ganancias que pudiera haber con la venta están destinadas  a la escuela de música de los jóvenes de Ayacucho.
«23 canciones sin música», auspiciado por la Universidad de Ciencias Aplicadas. De venta en librerías El Virrey.

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