“El guardián entre el centeno” Apuntes.

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Por Manuel Arbocó de los Heros

Muchos años atrás leímos por primera vez la novela El guardián entre el centeno del escritor norteamericano J.D. Salinger (1919-2010) motivado por los comentarios sombríos que se cargaban sobre la obra y sobre su autor. Reconocemos que lo sórdido y sobre todo los personajes desalmados y psicopáticos han llamado nuestra atención y en algunos casos, generado una ligera admiración morbosa.

La leyenda indica que esta obra había sido encontrada en manos de los asesinos de John Lennon (el tristemente célebre Mark David Chapman) y J.F. Kennedy (solo la CIA lo sabe). También que su autor (Salinger) era un escritor maldito perteneciente a la generación perdida, que vivía solo desde hace décadas, que no dejaba que nadie se acercara a su distante vivienda de lo contrario podría disparar perdigonazos, que no daba entrevistas ni le gustaba ser fotografiado, y que era un excéntrico que estaba perdiendo poco a poco su ya endeble contacto con la realidad.

Nos preguntábamos entonces ¿qué sería lo que tenía esta obra? Grande fue nuestra sorpresa cuando la leímos. Porque la verdad no encontrábamos gran material como para propiciar algún crimen o respuestas descontroladas en algún alterado lector. Menos aún, una gran propuesta radical contra el sistema. Luego entendimos que quizá la historia, el lenguaje algo rudo y el momento en que fue publicada (década de los 40) podría haber sorprendido y emocionado a más de uno, afiebrado ya por cierto. Y vaya si a más de uno!, porque esa obra sería luego traducida a muchos idiomas y vendida por millones. sin embargo a Salinger pareció no importarle ni un pepino.

La historia versa sobre Holden Caufield un adolescente de 16 años proveniente de familia acomodada que tras una serie de malas experiencia escolares decide largar con todo y viajar sin rumbo definido mientras sueña, vive y regaña de este puto mundo. Expulsado de cuatro colegios y con una tendencia a menospreciar figuras de autoridad deja el colegio porque estaba lleno de hipócritas. Lo curioso es que a través del relato Holden crítica muchas veces a la gente por ciertas características que también el reconoce tener, como ser mentiroso, exhibicionista, nervioso, hipócrita. El clásico mecanismo psicológico de la proyección lo llamaríamos en Psicología.

“El único torpe de la familia soy yo” reconoce Holden en el capítulo 10 de la obra. Frío sentimentalmente hacia sus ocupados padres, nos delata cierto desprecio por su hermano, quien es guionista de películas en Hollywood, siendo Holden alquien quien curiosamente odia al cine; sobre todo el cine frívolo y alienado. Sólo muestra aprecio por su hermana menor y esa es una situación curiosa y propicia para algún intento de análisis psicológico, debido a que es justamente con los niños con quien él se identifica, llegando a desear vivir como un guardián de un centeno y evitar que los niños caigan al precipicio. ¿Por qué los niños caerían al precipicio?. De pronto porque siente que eso le ha pasado a él o porque de alguna manera quiere que eso ocurra. Recordemos que no pocas veces asume su papel de salvador quién ha vivido el papel de víctima o de victimario muy de cerca.

Holden se reconoce lleno de defectos: se asume cobarde, poseedor de tics nerviosos, muy distraído, depresivo, con manifestaciones hipocondriacas como aquella en el capítulo 25 donde no puede ingerir comida. Nos parece (permitiéndosenos un intento de apreciación diagnóstica) que vivencia lo que en la clínica se suele llamar “crisis de angustia generalizada” así como experiencias de desintegración en algunos momentos de la historia. Problemas de identidad adolescente, en pocas palabras.

Mención aparte está aquél episodio donde se queda a dormir en casa del profesor Antolini, terminando por escapar de su casa por temor a un posible abuso sexual. “Cosas así me han pasado ya como veinte veces desde muy pequeño” nos contaría Holden después. Deja abierta la posibilidad de haber pasado por algo que quizá fue lo que detonó esa personalidad nerviosa, depresiva, insegura y rebelde.

El final de la historia no es del todo inesperado, no lo mencionaremos buscando que lean la obra de Salinger y saquen ustedes mismos sus propias conclusiones. Nomás no vayan a lastimar a nadie.

 

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