La ortografía, la ortografía. Qué problema. Nadie la quiere en el etapa escolar. Tampoco es muy querida en la universidad. Por último, cuando por fin se comprende su importancia, ya hay tanta costumbre de escribir al caballazo, y muy poco tiempo para reiniciar una conexión adecuada con ella. Después de todo, qué más da, por ejemplo, una tilde más o una tilde menos si, después de todo, las ideas se entienden por el contexto.

Entonces, qué importa si el texto dice algo así como «ayer vi a un pelicano» (hombre canoso) o «ayer vi a un pelícano (ave). Con un poquito de imaginación y otro poco de fantasía – decía una canción de la niñez – todo se puede comprender. Así que no habría problema en escribir una notita de amor que diga «tú eres una gran pérdida para mí«, con las tildes en su lugar, o decir «tu eres una gran perdida para mi«. Después de todo, pérdida o perdida, es solo una cuestión de contexto.
Y es en este contexto que me entero de que un ciudadano español, Pablo Zulaica, ha iniciado en México una campaña en favor del acento. Se ha dedicado a colocar tildes en todos los carteles publicitarios en donde hubiera sido omitida. Por lo que entiendo, las razones que lo llevaron a ello fueron de orden laboral: colocaba pegatinas con la tilde en donde hiciera falta y, de paso, dejaba sus datos promoviéndose como corrector de estilo o algo así. Sea como fuere. El asunto ha encendido la pradera y la nota dice que la campaña ahora avanza por su propia cuenta por toda Latinoamérica, incluyendo a Perú, bien tildado, por supuesto.
Ahora bien, aquí habría que preparar bastante corrector y papelito porque amparados en la floja invención de que las mayúsculas no requieren de tilde se ha hecho tabla rasa de la tildación. Y no solo eso. Hay paneles que van desde un canal de televisión hasta el más dulce anuncio de una marca de productos de belleza que usan la palabra «ti» con tilde. Tilde supuestamente diacrítica, es decir, una señal gráfica que se usa para distinguir monosílabos de igual escritura, pero de diferente función gramatical. Por ejemplo «» (verbo dar) y «de» (conector). Bueno en ningún manual – autorizado o no – se habla de una tilde sobre ese pronombre de segunda persona que – se dice – en publicidad ayuda a establecer una mejor relación con el público. Bueno, mejoraría mucho más esa relación si se omitiera esa vergonzosa tilde.
En fin, publico esto para un pÚblico como el peruano, dado que alguien ya lo publicó en la página del castellano. Un fragmento de dicho artículo aparece a continuación.

Un español inició en México una campaña para corregir la ortografía de anuncios publicitarios con la colocación de pegatinas en forma de acentos, un movimiento que tenía como fin sólo conseguir otro ingreso y que ahora se ha extendido a otros países de América Latina. «¡Todo me desbordó; ya hay gente haciendo lo mismo en Argentina y en Perú!», dice sorprendido a la AFP Pablo Zulaica, de 26 años, autor del «Programa de reinserción de acentos en la vía pública». La cruzada por la buena acentuación que inició en solitario hace apenas tres semanas en el centro de la Ciudad de México es simple: consiste en colocar las pegatinas en forma de acentos y acentos tachados disponibles en su blog con explicaciones gramaticales. «Esta palabra se acentúa porque forma hiato en la vocal cerrada (i o u)», es una de las explicaciones que tienen las pegatinas blancas que, ya pegadas, «siempre provocan una sonrisa; ahora es ante todo una actividad lúdica y estética», añade. «Siempre pido permiso para pegar los acentos y si no veo muy dispuestas a las personas en cuestión se los dejo para que ellas mismas lo peguen», comenta Zulaica, que lo mismo ha corregido anuncios de campañas políticas como las patrullas mexicanas que sin excepción todas dicen «POLICIA». La búsqueda de los acentos perdidos tenía en un inicio como objetivo «encontrar otra forma de ingreso; ya me había perdido un par de cosas por falta de dinero, como un curso de literatura y otras cosas», relata. Un día, prosigue, «hablando con un grupo de amigos sobre las faltas ortográficas que hay en los anuncios, se me ocurrió salir a la calle a pegar los acentos porque con spray era muy agresivo». En un inicio las pegatinas sólo tenían datos personales «por si alguien quería contratarme» como corrector.

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