Cosas del fútbol

Pues ni Argentina ni Brasil. No la acerté con ninguno. Resulté de tan mala sombra para estos equipos como Mick Jagger para Estados Unidos e Inglaterra. Era obvio que mis vaticinios no fueron más que una sencilla simpatía por los equipos sudamericanos, pero, claro, sin ningún conocimiento respetable de eficiencia futbolística. Ahora bien, he aquí una de las tantas razones por las que el fútbol tiene tantos seguidores: todos podemos hablar de él con el mayor desparpajo y sin que se nos sonroje la cara. No hay pierde. Todos podemos opinar y al que no le guste, mala suerte: en el fútbol, el ejercicio de libertad de opinión se encuentra en su mejor contexto. Por ejemplo, este escribidor hasta se atreve a escribir que Brasil, sencillamente, se pasó de sobrado y que debería aceptar que la fama también es un peso que termina dañando la postura más recomendable: la humildad. Lo escribo y no pasa nada. Salvo, quizás, la sonrisa burlona de algún lector. También puedo escribir que Argentina esparció la ilusión contagiosa de que la suma de algunos habilidosos jugadores podría reemplazar el concepto de equipo, y agregar que, por unas horas, algunos dijimos, ¿y por qué no? Hasta que el peso contundente de la verdad nos devolvió a la validez de los argumentos por encima de las falacias. He aquí el valor agregado del fútbol. En estos días casi todos nos hemos transformado en autoridades en asuntos del balompié, algunos opinantes de última hora, por supuesto. Pero críticos al fin y al cabo, críticos agudos y hasta despectivos de esos hombres que corren sudorosos en esos 105 metros de césped malísimo. Sin que nos importe que casi todos esos ellos pertenezcan a un selecto grupo de millonarios que se reirían de la mayoría de nuestros sueldos. ¡Que importancia tiene¡ El miércoles todos somos Uruguay, aun cuando la lógica (palabra que cobra otro nivel semántico en fútbol) nos murmure al oído que los charrúas tienen ya solo medio equipo habilitado. Que va. En el fútbol todo puede suceder. Sea como sea, algunos vamos a extrañar estos días de fiebre futbolística en donde hasta la falta de gas en los grifos, la tremenda oleada de frío, el cierre de inscripciones para las elecciones municipales con una tropa excesiva de candidatos o el escandaloso alargue para el funcionamiento del transporte metropolitano han perdido, por unos días, ese aire fatídico que pronto volverá a tener..

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