En algún lugar leí que la diferencia entre un cuento y una novela se podía comparar a la diferencia entre una perla y un diamante. El cuento, como una perla, concentra su valor en su unidad; en cambio la novela, como el diamante, es la suma perfecta de sus varios lados. En un cuento, se dice, las palabras deben manejarse con maniática precisión; en la novela, las palabras alcanzan a desenvolverse con mayor libertad y hasta pueden proponer varios niveles de interpretación. El cuento es el desarrollo de una historia precisa que se extrae de un continuo vivencial; la grandeza de una novela emerge de la correcta fusión de varias historias. En fin, esto puede continuar por un largo rato y, aun así, quedaría mucho que anotar sobre el tema.
Encuentro un artículo de Alberto Manguel en el diario El País en donde éste hace un elogio al cuento, artículo que bien vale la pena leer aun cuando sea para discrepar de sus digresiones.

No sabemos en qué momento el cuentista supo que lo que contaba sería un género literario. Lo cierto es que en algún momento de nuestra historia el cuento se diferenció del poema, de la novela y del ensayo, y emergió como un género literario distinto para que los profesores universitarios tuvieran de qué ocuparse. Sin embargo, más allá de esas divisiones burocráticas, el lector intuye que el cuento no es novela, que una diferencia que puede medirse (pero no definirse) por el número de páginas, distingue uno del otro. Borges alguna vez dijo que escribía cuentos porque la novela le parecía una exageración. Detrás de la boutade se oculta una verdad literaria: la novela expande la narración, el cuento la concentra
... El cuento retiene en su nombre sus orígenes sin duda orales, calidad que preservan aún hoy los narradores orales de las plazas de mercado en Marruecos, Colombia, Gabón. La escritura, que todo formaliza (quizás porque nace como un instrumento contable, para sumar o restar cabezas de ganado), empieza desde temprano a dar al cuento artificios y estrategias. Refinándose en fábula, parábola, anécdota, historia humorística o moral, relato erótico, histórico, filosófico, de terror, el cuento adquiere, según su categoría, rasgos particulares que, si bien son reconocidos, los autores del género se empeñan en cambiar.... El cuento es quizás el más conservador de todos los géneros. Cambia el estilo, el tono, el impacto del final o del comienzo, la posición del narrador, la voluntad fantástica o documentalista, pero no, en términos generales, su forma. Si bien pueden encontrarse ejemplos de cuentos que escapan cabalmente al modelo de narración tradicional (pienso en El joven intrépido en trapecio volante de William Saroyan y en alguno de Raymond Carver), la mayor parte de ellos sigue el consejo del Rey en Alicia en el País de las Maravillas, "Comienza en el comienzo y sigue hasta llegar al final"...
En algún lugar leí que la diferencia entre un cuento y una novela se podía comparar a la diferencia entre una perla y un diamante. El cuento, como una perla, concentra su valor en su unidad; en cambio la novela, como el diamante, es la suma perfecta de sus varios lados. En un cuento, se dice, las palabras deben manejarse con maniática precisión; en la novela, las palabras alcanzan a desenvolverse con mayor libertad y hasta pueden proponer varios niveles de interpretación. El cuento es el desarrollo de una historia precisa que se extrae de un continuo vivencial; la grandeza de una novela emerge de la correcta fusión de varias historias. En fin, esto puede continuar por un largo rato y, aun así, quedaría mucho que anotar sobre el tema.
Encuentro un artículo de Alberto Manguel en el diario El País en donde éste hace un elogio al cuento, artículo que bien vale la pena leer aun cuando sea para discrepar de sus digresiones.


No sabemos en qué momento el cuentista supo que lo que contaba sería un género literario. Lo cierto es que en algún momento de nuestra historia el cuento se diferenció del poema, de la novela y del ensayo, y emergió como un género literario distinto para que los profesores universitarios tuvieran de qué ocuparse. Sin embargo, más allá de esas divisiones burocráticas, el lector intuye que el cuento no es novela, que una diferencia que puede medirse (pero no definirse) por el número de páginas, distingue uno del otro. Borges alguna vez dijo que escribía cuentos porque la novela le parecía una exageración. Detrás de la boutade se oculta una verdad literaria: la novela expande la narración, el cuento la concentra
... El cuento retiene en su nombre sus orígenes sin duda orales, calidad que preservan aún hoy los narradores orales de las plazas de mercado en Marruecos, Colombia, Gabón. La escritura, que todo formaliza (quizás porque nace como un instrumento contable, para sumar o restar cabezas de ganado), empieza desde temprano a dar al cuento artificios y estrategias. Refinándose en fábula, parábola, anécdota, historia humorística o moral, relato erótico, histórico, filosófico, de terror, el cuento adquiere, según su categoría, rasgos particulares que, si bien son reconocidos, los autores del género se empeñan en cambiar.... El cuento es quizás el más conservador de todos los géneros. Cambia el estilo, el tono, el impacto del final o del comienzo, la posición del narrador, la voluntad fantástica o documentalista, pero no, en términos generales, su forma. Si bien pueden encontrarse ejemplos de cuentos que escapan cabalmente al modelo de narración tradicional (pienso en El joven intrépido en trapecio volante de William Saroyan y en alguno de Raymond Carver), la mayor parte de ellos sigue el consejo del Rey en Alicia en el País de las Maravillas, "Comienza en el comienzo y sigue hasta llegar al final"...

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