“Gabo: Cartas y recuerdos”,  de Plinio Apuleyo Mendoza
Me encuentro con un libro muy interesante escrito por Plinio Apuleyo Mendoza, titulado Gabo: Cartas y recuerdos. Por lo que veo, a primera vista, es un  libro en donde este cuenta  anécdotas de su larga  amistad con Gabriel García Márquez. En la introducción se dice que García Márquez se libera del peso de su propio mito y vuelve a ser, simplemente, Gabo. Por lo visto, se trata de documentos de gran valor, en los que el novelista expresa sus dudas, dificultades y esperanzas durante la escritura de obras maestras.
He de leerlo con mucho interés, pero, por mientras, comparto con ustedes algunos fragmentos que llamaron mi atención. Pasajes que dejan entrever ese lado difícil y humano que implica escribir a tiempo completo.
Por ejemplo, con relación al Otoño del patriarca, sólida novela que recuerdo haber leído de un tirón y ya con todo el debido respeto y admiración al escritor colombiano, hay un pasaje que delata el trabajo previo que implicó una novela de esa envergadura.
Compadre: la vejez me dará por ser ratón de biblioteca. He acumulado una impresionante cantidad de datos para la novela del dictador y ahora estoy seguro de su biografía no se parecerá a la de ninguno. No hay remedio…Para mí la novela del dictador se ha convertido en un límite: o me hundo de una vez o doy un salto al otro lado. Con esa convicción la estoy trabajando diez horas diarias.
Sobre la legendaria novela Cien años de soledad, había leído ya varios mitos sobre su gestación y sobre las grandes dificultades económicas y vitales que había tenido que enfrentar durante su escritura. Pero el siguiente pasaje, es una carta dirigida a Plinio Apuleyo que es la visión más heroica en la creación de una novela:
Compadre: vivo de mis reservas hasta terminar la novela. En dos semanas estará terminado el impresionante mamotreto de 800 páginas…Ha sido una locura. Escribo  desde las nueve de la mañana hasta las cuatro de la tarde; almuerzo, duermo una hora y corrijo los capítulos del principio, a veces hasta las dos y tres de la madrugada. Nunca me he sentido mejor: todo me sale a torrentes. Así desde que regresé de Colombia, no he salidos a ninguna parte: Mercedes aguanta como un hombre, pero dice que si luego la novela no funciona, me manda a la mierda.
 
La leeré con mucha atención

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