“La voluntad del molle” de Karina Pacheco (Comentario)

La voluntad del molle, novela de la escritura cusqueña  Karina Pacheco Medrano, llegó a mis manos por la gentileza de una amiga quien sabía que estaba embarcado en un proyecto de  novela cuya historia se desarrollaría  en la década de los noventa, y que mi propósito no solo era contar una peculiar intriga, sino recrear esos años de violencia subversiva que  los peruanos tuvimos que sufrir.  «Lee esta novela, te la recomiendo», me dijo. Le agradecí el gesto y ella agregó: «cuando una novela es buena es mucho más eficaz que un ensayo».

Efectivamente,  la lectura de La voluntad del molle me ha dejado conmovido por un largo rato. Cuando eso sucede, comprendo que me he topado con un buen trabajo narrativo. Este es un recurso personal que me ayuda a determinar cuándo una novela es buena. Para mí lo es cuando esta causa impacto en el lector y crea una especial vinculación con la historia, no importa si es a favor o en contra; es decir, cuando se  llega a las últimas páginas totalmente cautivado: entonces la novela ha cumplido su cometido. Luego ya vendrá el análisis,  tanto en la forma como en el fondo,  para explicar las razones que expliquen esa efectividad.

He leído La voluntad del molle en una reedición hecha por el Fondo de Cultura Económica (2016), luego de su primera publicación en 2006. Fue la primera novela que marcó el inicio de la carrera literaria de Karina Pacheco con todos los elogios del caso, bien merecidos, eso sí. A partir de ese éxito, ella ha seguido publicando novelas y cuentos que han confirmado su calidad como escritora. En la reedición hay un gentil prólogo del escritor peruano afincado en España, Fernando Iwasaki y una coda escrita por la misma autora.

En principio, la novela de Karina Pacheco es una historia, en tono de melodrama, ambientada en los terribles años de la violencia subversiva que se vivió en nuestro país. Dos hermanas, tiempo después de la muerte de su madre, descubren un baúl – que había estado celosamente escondido – en el que encuentran cartas, recortes de periódicos y otros papeles que van dando cuenta de un lado secreto y dramático que había vivido y sufrido su madre, mientras actuaba una vida distinta y apacible en el hogar que había formado con sus hijas y su esposo.  Esa vida paralela, llena de penurias, injusticias y otras penas-  que daban a conocer los papeles –   no solo revelaban el sufrimiento de la madre, sino que deslizaban pistas y claves que luego iban a delatar la funesta participación de parientes y amigos en una nefasta conspiración contra la felicidad de la madre de joven. A partir de esos documentos, las hermanas inician una indagación que las lleva a descubrir desde un hermano que ellas desconocían, hasta las mayores  villanías,   no solo de parientes y amigos, sino, en general,  de toda una sociedad salpicada de prejuicios raciales, sociales y económicos. Podría decirse que en la novela se refleja las contradicciones de la sociedad cusqueña, pero, probablemente, esas contradicciones y prejuicios ocupan un rango mucho más amplio que una región. Y por encima de todo, la presencia de la subversión y las erráticas acciones del estado para combatir el terrorismo crean una atmósfera asfixiante en donde la historia cobra un mayor sentido.

Narrada en primera persona, con mudas ocasionales a un narrador omnisciente, la historia fluye de modo bastante natural. Tal vez – en algunos momentos – peca en explicaciones de tono sociológico, pero solo en contados momentos. La prosa elegida es poco alambicada, más bien es directa y sin la apelación bucólica que a veces – algunos autores – pretenden darle a sus relatos cuando tienen que ambientarlo en lugares abundantes de paisajes naturales.  Incluso la simbolización del árbol de  molle: fuerte, resistente ante la dureza del clima –  que tiene un sentido metafórico determinante al final de la historia – es presentado sin mucho aspaviento verbal. La fuerza de cada imagen está, precisamente, en el tono agreste con el que es presentado. Solo así, se podría sobrevivir ante los embates a los que los somete la rudeza de la vida.

Por mi parte, tendré que replantear mucho mi proyecto de novela. Después de leer este libro, entiendo que hay excelente escritores que están trabajando con habilidad de orfebre para contarnos literariamente lo que vivimos dramáticamente en aquellos años difíciles.

Apenas puedan, denle una lectura a esta novela espléndida de Karina Pacheco.

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