Las distintas maneras de celebrar el Año Nuevo
No son exactamente vacaciones las que me he tomado, pero, para el caso, da lo mismo. Por estos días, luego de ponerle punto final a un insufrible libro académico que tenía que escribir, he cerrado el quiosco, y me he dedicado al incomparable placer de leer, además, por supuesto, de pasear sin prisa por librerías y galerías de arte, y de conversar con los amigos sin tomar en cuenta el tiempo. Cuando puedan – y en verdad, sé cuán difícil es – dense un respiro y separen un tiempo para hacer, exactamente, lo que les dé la gana.
No obstante, hay actividades del año que se extrañan como, por ejemplo, este blog que para mí se ha convertido en un importante medio para compartir, con los amigos, mis impresiones sobre algunas noticias o mis modestos puntos de vista. Como es tradición, tendré que escribir un resumen sobre este año, pero eso será en las siguientes horas o días.
Por ahora, mientras buscaba en Internet un lugar en donde despedir el año viejo con arpegios de Perú profundo, encuentro un artículo en donde dan cuenta de cómo despiden el año nuevo en distinto lugares de este mundo ya ni tan ancho ni tan ajeno.

Por ejemplo, en Alemania despiden el año viejo brindando en honor a San Silvestre, y reciben el año nuevo con petardos y fuegos artificiales que pretenden ahuyentar a los malos espíritus. Cuenta la tradición que es costumbre dejar en el plato, hasta después de la medianoche, algunos restos de lo que se haya cenado, como una forma de asegurarse una despensa bien surtida durante el año siguiente.
En Austria lo hacen lanzando fuegos artificiales, bebiendo champán, tirando confetti o serpentinas, repartiendo besos. Si algo los hace diferentes, especialmente a los vieneses, son el típico Vals de Año Nuevo y el Concierto de Strauss que la Filarmónica de Viena ofrece puntualmente cada 1 de enero.
Los daneses demuestran a sus seres queridos cuánto los aprecian lanzando ante sus casas los platos viejos que han ido acumulando durante el año. El número de buenos amigos que uno tenga será proporcional al montón de platos rotos que encuentre en su puerta. Mientras que los escoceses prenden fuego a un barril y lo hacen rodar por las calles envuelto en llamas; dicen que con ello permiten la entrada del año.
Los españoles no difieren mucho de las costumbre latinoamericanas. No importa dónde o con quién los pille la Nochevieja, lo que más cuenta es comerse doce uvas al ritmo de las doce campanadas.
En París, ah París, prefieren salir a la calle para despedir el año. Su lugar de concentración por excelencia, los Campos Elíseos. Desde el Arco de Triunfo a la plaza de la Concordia, la famosa avenida queda atestada de gente dispuesta a recibir el 1 de enero con una buena botella de champagne. Los que se quedan en casa a medianoche tienen que besarse y abrazarse bajo una rama de muérdago para conseguir buena fortuna en el año que llega. Los ingleses, en cambio, se concentran en Trafalgar Square o Picadilly Circus; aunque la mayoría prefiere acudir ante el Big Ben para recibir el nuevo año con el ritmo de sus campanadas. Muy parecido a los estadounidenses que, en Nueva York, buscan estar cerca del Times Square. Los neoyorquinos se concentran en esa céntrica plaza varias horas antes de la medianoche, aunque el momento cumbre de la fiesta llega con las doce campanadas. La bajada de la famosa bola de cristal desde lo alto de su emblemático edificio marca el comienzo de los fuegos artificiales, el confetti, los juegos de luces y los gritos de alegría.

Los italianos inician las celebraciones con una tradicional cena en la que las lentejas son plato imprescindible si se quiere tener un año nuevo repleto de buena fortuna. Esa noche, muchas mujeres reciben como regalo lencería roja, que supuestamente les traerá suerte en el año que llega.
En Japón, nada de 12 campanadas. Desde los templos japoneses, estas tañen hasta 108 veces para conmemorar la llegada del nuevo año. Se trata de una tradición cuyo objetivo es liberar del mal al período que empieza: cada campanada hace referencia a un deseo terrenal que hay que mantener alejado. Las casas se decoran con hojas perennes y bambú, símbolos de vida eterna y honestidad. Dicen también que los japoneses empiezan el año riendo porque creen que eso trae buena suerte.
En El Cairo conservan una antigua costumbre, según la cual el año empieza cuando aparece en el cielo la nueva luna creciente. Muchos cairotas acuden a observar la noche desde la mezquita de Alabastro, en lo alto de la ciudadela que domina la ciudad. Cuando sale la luna y el líder religioso proclama oficialmente el cambio de año, la gente acude a sus casas a celebrarlo con sus familias. En Año Nuevo todos llevan vestidos especiales; incluso las mujeres, que suelen vestir de negro, pueden llevar colores vistosos ese día.

En América Latina, si bien hay matices que diferencian, es también cierto que la tradición nos mancomuna Los argentinos despiden el año con fuego. Por una parte están los cohetes y demás elementos pirotécnicos; por otro lado, los muñecos de madera, tela y papel, que acabarán siendo pasto de las llamas. Quemar estos muñecos es un rito purificador, una forma de deshacerse de todo lo malo que trajo el año que acaba. Misma Lima que a las doce parece una zona de guerra.
Los brasileños prefieren el mar. La gente acude a las playas a ver los fuegos artificiales; algunos visten de blanco o saltan por encima de siete olas porque creen que eso les dará suerte, y también lanzan flores al agua mientras piden un deseo.
Los colombianos reciben la medianoche de pie para tener suerte y salud. Dan un portazo cuando suenan las doce para alejar de la casa a los malos espíritus o besan a una persona del género opuesto para obtener buena fortuna. ¡Ups¡ Eso promete ciertamente.
Los mexicanos cantan, bailan y se divierten hasta altas horas de la madrugada para despedir el año. Ellos combinan estas celebraciones con sus tradiciones. Hay quien acostumbra a barrer la casa esa noche para que el nuevo año sólo traiga suerte “limpia”. Otros aseguran que pasearse esa noche con una maleta favorecerá los viajes en los meses siguientes. Algunos insisten en llevar ropa interior roja para hallar el amor. En Lima, los sabemos, la ropa interior tiene que ser amarilla.
En Venezuela, es costumbre escribir los deseos en una carta que, ya en enero, cada uno quema para asegurarse de que nadie más pueda leerla.
En Lima, como tenía que ser, hemos adoptado casi todas: uvas,pasas, monedas, lentejas, maletas que hay que sacar, doce copas, muñecos, interiores amarillos, confeti, gorritos, serpentina, etcétera, etcétera. Le agrego la costumbre de mi querida Helena (de Lima) de bañarse en agua de flores a pocas horas de las doce para recibir el año con muy buena vibra. Lo que sea, la cosa luce sensual y, la verdad, huele muy rico.

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1 Comentario

  • Elzabeth Sobarzo Publicado 24 diciembre, 2011 5:58 am

    Me encanta tu blog, leer y re leer,

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