Las hijas de Nantu  – Comentario

He tenido la oportunidad de ver este documental, dirigido por Willy Guevara y producido por Maricella Vilca.  Ha sido, no solo una grata experiencia,  sino también una aleccionadora visión de lo complejo que es nuestro país: una nación conformada por una rica y, a veces, desconocida variedad de culturas.  Variedad que debería enriquecernos mucho,  y en varios frentes, pero que, más bien, no solo nos aleja, sino que ensombrece el sueño de la gran integración.

Como una nota antes de invitarlos a asistir a las próximas proyecciones de Las hijas de Nantu, les señalaré que – solo en el terreno lingüístico, que ya es una muestra de la singularidad cultural – en el Perú coexisten más de cuarenta y cinco lenguas.  Sin hablar del castellano, cuatro de ellas son de matriz andina y las demás, diseminadas en la amazonia peruana en trece  grupos o familias lingüísticas. Cada una de ellas, expresa su valoración del mundo de un modo particular y es el resultado de un largo proceso social e histórico. Comprender una lengua no es solo hablar de sus componentes lingüísticos, es adentrarse en la cosmovisión de cada cultura. De allí que se hable de lo complejo que es llegar  a la integración cultural en nuestro país. Sin embargo, que sea difícil, no implica que no se asuma tal reto. Y hay hacerlo  desde todos los frentes posibles: por ejemplo, desde el arte y, entre ellos, desde el cine. Ese es uno de los méritos de este valioso documental que nos introduce en los pormenores de la cultura awajun, más conocida como aguaruna.

Willy Guevara, quien le ha dedicado muchos años a la investigación de esta cultura,  ha compuesto un documental muy bien ilustrado, y le ha agregado una visión personal de ella.  De allí que, al terminar la función, uno sienta una peculiar identificación con su planteamiento.

En el documental se cuenta que en la cultura awajun  existió un matriarcado. Según sus leyendas, la diosa Nantu, la luna, le regaló a las mujeres la agricultura. El hombre y la mujer vivían en armonía hasta que la amenaza de expansión de los moche, cultura preinca de la costa norte peruana, hizo que el hombre awajún se convierta en guerrero. A partir de entonces el hombre elimina el matriarcado y empieza, entre otras prácticas relacionadas al poder, a ejercer la poligamia; desde entonces, la mujer ha intentado cambiar al hombre a través de diferentes mecanismos entre ellos el envenenamiento. El documental busca entender el fenómeno del envenenamiento desde el interior de la propia comunidad, descubriendo un mundo mítico y de costumbres ancestrales valiosas como el Canto Anen.  Dichas prácticas no se han perdido, sino que se han transformado en mecanismos de protesta de la mujer. Todo ello les ocasiona no solo la muerte, sino muchos otros sufrimientos. ¿Qué hacer frente a ellos? ¿Cómo ayudar a mejorar la vida sin maltratar su cosmovisión? ¿Hay que hacerlo? Son algunas de las preguntas que se deslizan del documental.

Desde mi precario conocimiento del cine, creo haber visto un valioso trabajo, no solo por el contenido, sino por su realización. Con una impresionante fotografía y una cuidada edición.

Atención, Las hijas de Nantu ganó el Concurso Nacional de Proyectos de Largometraje Documental del Ministerio de Cultura y se alista para presentarse en varios festivales. Seguro que les irá muy bien.

Por mientras, hago del conocimiento general que, por estos días,  se proyectará en el auditorio del Centro Cultural de la Católica: el martes 29 de enero y el sábado 9 de febrero. Me aúno a la invitación general.

Valdrá la pena darse un tiempo para asistir.

Escribir Comentario

Tu Email no será publicado. Rellenar los espacios *