Como tenía que ser, las propuestas de la nueva Ortografía de la lengua española editada a fines de diciembre han llegado a mi mesa de trabajo en un impactante libro de más de 600 páginas. Menuda tarea la que me toca por estas semanas porque la introducción del libro avisa que más que innovaciones, hay explicaciones sobre el porqué de tales y cuales las reglas que, en la edición anterior, carecían precisamente de explicación. Ni modo, habrá que leerlo con la calma y la atención suficiente.
No obstante, como los males no vienen solos, resulta que paralelamente a la nueva Ortografía de la lengua española, me ha alcanzado una tarea que venía escamoteando desde hacía algunos meses: la lectura de la Nueva gramática de la lengua española cuya edición principal sobrepasa las dos mil páginas. Existe otra un tanto más comprimida, pero igual de farragosa. Incluso, hay una más comprimida y más barata a la que solo faltaría ponerle gramática para dummies según algunos antipáticos entendidos. No importa, a mí me parece válida esta última edición comprimida con tapa de cartón bastante delgado.
No me atrevería a aseverar que todo escritor debe informarse sobre las recientes modificaciones ortográficas. Después de todo, hay escritores que piensan que la grandeza de sus trabajos está en la irreverencia de sus construcciones gramaticales y en el desacato a las reglas ortográficas. No obstante, pienso que todo acto de reconstrucción (verbal en este caso) implica un previo conocimiento de las propuestas anteriores. Aquellas construcciones verbales que esconden sus desaciertos con la excusa de estar innovando me parecen, más bien, obras de poca solidez y de ninguna trascendencia salvo para el propio creador encerrado en su insulsa vanidad.
Sin embargo, si entendería por completo a quienes se excusen de darle una mirada a la Nueva gramática del español que, eso sí, a pesar de las interesantes propuestas de análisis gramatical que me va insinuando, pienso que debe ser un plomo sobre la cabeza para quien no le llame la atención la descripción de las estructuras gramaticales. En mi caso debo leerlo, sin más excusas, porque una parte de mi vida la ocupa la enseñanza de cursos de redacción, y, ni modo, habrá que enfrentar al toro.
Es dentro de este contexto de atmósfera morfológico sintáctico que encuentro unos datos interesantes, tanto sobre la Nueva gramática del español, como sobre los peruanos que participaron en su redacción, así como la historia de nuestra Academia Peruana de la Lengua. Todo esto en boca del presidente de la Academia, el querido profesor y poeta Marco Martos.

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