SILVIO TAN POÉTICO, COMO SIEMPRE

Anoche estuve en el concierto de Silvio Rodríguez, uno de los últimos grandes iconos de la “nueva trova”. La gente deliró con las viejas canciones que marcaron una época y hasta una manera de ver el mundo. Las instalaciones de Jockey Plaza no estaban abarrotadas de tope a tope, pero lucían un lleno aceptable para la ocasión. Un hombre con más de sesenta años, pero con la vitalidad de un joven – guitarra en mano a veces y en otras, con solo su voz – estuvo cantando por mas de dos horas esas canciones que despertaron la melancolía de muchos y la curiosidad de los más jóvenes.
Aun cuando puedo ofender a los seguidores de la “nueva trova” (que obviamente ya no es tan nueva”) necesito explicar que se denominó, de esa manera, a toda una tendencia y hasta – yo diría – a una época en la que se buscó darle a la poesía comprometida la musicalidad e instrumentación adecuada o, en todo caso, se buscó hacer de la música un socio de la “poesía social”. En fin, era la época en la que se mezclaban las ilusiones políticas con el arte comprometido, a veces mal comprometido. Voces como la Pablo Milanés, Mercedes Sosa, Silvio Rodríguez se entremezclaban con grupos que exploraban la musicalidad de las diferentes culturas que han ido formando este entramado latinoamericano. Me refiero a los tantos grupos musicales que exploraban el folklore latinoamericano, pero con esa preocupación social que le daba un toque de rebeldía e izquierdismo.

Miguel Ángel Cárdenas, desde El Comercio del día de hoy viernes, lo dice de una manera más evocativa: “Las canciones de amor le deben a Silvio Rodríguez una revolución. ¿Alguien ha escuchado una descripción más súbitamente bella, para referirse al vuelo de una gaviota, que: lento como un tiempo de amor que se cierra? La revolución le debe a Silvio Rodríguez sus canciones de amor. ¿Alguien ha oído una representación más legendariamente hermosa, para hablar de su utopía, que: Al final de este viaje quedarán nuestros cuerpos tendidos al sol como sábanas blancas después del amor? En cambio, Silvio Rodríguez les debe a ellas, a la revolución y a las canciones de amor, sus más dignas contradicciones.
¿Quién es este incitador rojo que ha preferido hablar de lo imposible, porque de lo posible se sabe demasiado? ¿Es como dicen sus enemigos: un terco, un cínico, un bipolar que de oveja negra pasó a borrego? En Cuba, Silvio es polémico, hay mucha gente que dice que ya no toca para los cubanos, que vive más en el extranjero, que es un millonario malgeniado, a quien le citan su «Canción en harapos»: Desde una mesa repleta cualquiera decide aplaudir la caravana en harapos de todos los pobres. Desde un mantel importado y de un vino añejado se lucha muy bien. Desde una casa gigante y de un auto elegante se sufre también. Pero él dice «que se pone a tiro».

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