EN EL DÍA DEL PISCO

Primero descartemos la supuesta relación inquebrantable entre la literatura y la bohemia. Claro que el maridaje no molesta, pero en verdad, lo uno no es elemento indispensable para lo otro. Agreguemos que la escritura tomada como un modo de vida demanda una disciplina que busca alejarse de lo que lo distraiga o debilite. La borrachera y las amanecidas envueltas en la bruma del licor como que no te dejan cuerpo para escribir con todas las ganas que ésta demanda. Sin embargo, se dan casos en todos lados, algo así como que en toda familia hay uno. En el caso de la literatura hay más de uno, muchos diría yo. En todo caso allí están sus obras para demostrar si es un escritor que busca la bohemia como una distracción o es un bohemio que usa la literatura como una justificación.
Dicho esto, dejo constancia de que el aroma del Pisco ha comenzado ha expandirse como una tentación provocadora por todos los bares apropiados de la comarca. El sábado es el día del Pisco, pero los juegos ya comienzan este mismo viernes que cuelgo este post. Como para no quedarme rezagado y antes de partir en busca de una copa de pisco en solidaridad con este aguardiente de dioses, de preferencia el “prende y apaga” (una de pisco y otra de agua para los incultos) dejo algunos datos que recopilo de el mundo virtual.
Por ejemplo en el Boletín del Bar se dice que fue Don Francisco de Caravantes, un toledano llegado luego del encuentro de las dos culturas y quien al igual que muchos de sus compatriotas, añoraba los licores que solía saborear en su lejana tierra; quien mandó traer las primeras cepas de uva desde las Islas Canarias y que el primer vino que se produjo en el Cuzco fue de la cosecha de Bartolomé de Terrazas, quien en 1555 envió a Garcilaso de la Vega, 30 indios con varias canastas de uvas, para que las repartiese entre sus vecinos. Otros cronistas dicen que en la hacienda Marcahuasi en el Cuzco, de propiedad de Pedro López de Cazalla, se elaboró por primera vez, este preciado licor.
Por otro lado
Guamán Poma de Ayala, Pedro Sarmiento de Gamboa, Fray Martín de Murúa y Pedro Cieza de León, a través de diferentes escritos, también acreditan la existencia de la referencia geográfica al puebo de Pisco desde inicios de la Colonia; destacando además, el cultivo de la vid, al igual que la elaboración de vinos y aguardientes en dicha zona
. Un poco de historia no va mal para beber con conocimiento de causa.
Aunque supongo que la mayoría de lectores de mi blog tienen experiencia con este licor tan disputado desde que se hizo famoso, puedo agregar que hay cuatro variedades de Pisco:
Puro.– Elaborado con variedades de uvas no aromáticas, como «Quebranta», «Negra corriente» Aromático.– De variedades de uvas aromáticas: «Moscatel», «Italia» o «Albilla».
Acholado.– De la mezcla de caldos de distintas variedades de uva.
Mosto verde.– De la destilación de caldos incompletamente fermentados.
En El Comercio, leo la gran cantidad de lugares que ofrecen cata de pisco junto a otras actividades. El bar inglés del Country que nos previene de reservaciones anticipadas, Las Brujas de Cachiche donde una tarde comí muy rico, pero con mi presupuesto de toda la semana, nos tienta con una rondas y rondas de pisco. Asimismo, el Marriot se manifiesta con humildad de millonario. Pero a fin de cuentas, si de catar pisco se trata, bien nos espera el Queirolo de Lima o de Pueblo Libre y cualquier buen bar de Barranco.
A ver como nos encuentra mañana la musa de la palabra.

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