RADIO CIUDAD PERDIDA
Nueva novela de Daniel Alarcón se presentó en la FIL 2007

Daniel Alarcón es uno de los narradores peruanos jóvenes que ha logrado ganarse un merecido espacio entre los lectores norteamericanos en lengua inglesa. No es poca cosa. Daniel llegó a Estados Unidos ya adolescente y luego de alcanzar un dominio adecuado de esa lengua, más una exploración de sus intensas experiencias vividas en una Lima agravada por la violencia terrorista (a parte de la suma de males que parecían ser la constante de nuestro país), este escritor ha logrado delinear una propuesta narrativa renovadora que ha interesado a un público que lee en una lengua diferente y que vive realidad diferente.
Él está en Lima por estos días y presentó en la Feria Internacional de Libro su reciente novela Radio Ciudad Perdida, obra que recrea los años de violencia terrorista que vivió el país durante los ochenta.
En una entrevista, que recojó de El Comercio, Alarcón se refiere al proceso de creación de la novela y cómo el tema de la violencia tocó a su familia, a pesar de haber emigrado a los EE.UU.
Nosotros nos fuimos en el año 80 – dice Alarcón – cuando el Perú pasaba por un momento optimista: empezaba el segundo gobierno de Belaunde, se vivía un regreso a la democracia. Sinceramente, no creo que los peruanos podían imaginar lo que vino después. Pero en los viajes que hacíamos anualmente para visitar a la familia ya podíamos ver que la situación se ponía cada vez más cruda. Yo incluso llegué a estudiar aquí, en un colegio, jugando fútbol en mi uniforme gris.
Para Daniel Alarcón, el impacto de esos cambios fueron modelando su modo de entender a Lima
Bueno, me encantaba estar aquí. Además, cuando uno tiene 8, 9 o 10 años, en verdad no entiende nada. Si había un apagón, era puro chongo para mí. Era como ir de vacaciones de verano, como salir de campamento. Yo era muy joven y no tenía las herramientas necesarias para entender lo que pasaba. Pasaron varios años para que pudiera recapacitar pensar y analizar lo que viví, lo que sucedió acá. Pero eso ya fue producto de estudio y de análisis.
Con relación a la violencia que ya alcanzó a ver en las visitas que hacía a Perú,dice: Lo que pasa es que en 1989 la guerra tocó personalmente a mi familia. Entonces, tratar de entender qué era lo que había sucedido se convirtió en una obsesión familiar. No pudimos ignorar más lo que estaba sucediendo en el país. Al final, me tocó a mí ser el encargado de investigar. Me ayudó mucho ser extranjero, porque todos asumen que tú no sabes nada y te cuentan cosas que no le contarían a un peruano, y no hay roche en formular la pregunta obvia.

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