Recordando a Olympe de Gouges

Hay momentos en donde la historia ha dejado de lado a las mujeres o, en todo caso, ha contado una versión en la que se ha omitido su participación. A pesar de ello es indudable que la mujer ha estado presente en casi todos los hechos que han marcado nuestra historia. Ha sido partícipe de los grandes momentos de la humanidad, ha  evolucionado, lado a lado con los varones y, juntos, han buscado una sociedad que le permitiera, a todos,  una mejor coexistencia. Mujeres y varones, en mayor o en menor grado,  según la coyuntura, han marcado nuestro desarrollo con actos que han iluminado la historia o con acciones que han pasado desapercibidas. Varones y mujeres  han derrocado  idolatrías, reyes tiránicos, sistemas abusivos, ha enfrentado las grandes epidemias que asolaron la humanidad, han construido nuestro presente, ambos, juntos: ese es un hecho innegable muy a pesar de algunos. Y aún hoy sigue sucediendo, contra viento y marea se sigue batallando por replantear los paradigmas a fin de que permitan reconstruir una mejor sociedad, juntos: varones y mujeres. El término adecuado debería ser el hombre, el vocablo que inclusivo, pero que, por lo visto, muchas veces ha separado a la mujer de significado.

Al afirmar que las mujeres hemos estado presentes en cada hecho histórico, me refiero a momentos heroicos como del que me gustaría hablar hoy: la Revolución francesa. Allí  donde nacieron los llamados Derechos Humano. Allí, donde se magnificaron los principios de la libertad,  igualdad y fraternidad entre los hombres.

Hagamos primero un recuento sobre algunos de dichos acontecimientos que, a finales del siglo XVIII, cambiaron un paradigma de las relaciones humanas.

La monarquía francesa había generado una crisis económica, política y social. Urgía un cambio que le diera derechos al Tercer Estado, es decir,  al pueblo explotado. En ese periodo, vivieron muchos pensadores que propusieron un nuevo sistema. Personajes como Rousseau, Voltaire, Montesquieu, fueron creadores de nuevas doctrinas sociales revolucionarias. Ahora bien, juntos estos nombres también estuvo el de Olympe de Gouges. Una mujer plenamente identificada con los Derechos Humano y que  dedicó su vida a esta causa. Ella escribió obras que cuestionaban la esclavitud, el sistema económico, el autoritarismo monárquico y más. Olympia de Gouges participó en las míticas asambleas abiertas de aquella época.

Pero hubo algo más, ella, en medio de aquel periodo de terror en Francia, decidió cuestionar el tan alabado documento llamado  Los derechos del hombre y del ciudadano. Y lo hizo porque  en ese documento, las mujeres quedaban  sutilmente  excluidas. En artículos peligrosamente redactados en forma ambigua, aparecían principios, como el primero, que decía que “los hombres nacen y permanecen libres e iguales en derechos”, afirmando que solo los hombres tenían derechos. ¿Error de lenguaje? Claro que no. Ella entendió, de modo muy claro, que las mujeres quedaban al margen de aquella declaración con predominio masculino.

Hubo, junto con Olympe de Gouges, muchas mujeres que lucharon activamente en la gran revolución por un nuevo mundo. No solo lo hicieron las intelectuales: fueron todas. Es decir, el pueblo de Francia, cansado del despotismo, decidió tomar acciones para cambiar esa  injusta sociedad y terminar así con la abusiva monarquía absolutista. Una lucha general que en principio se intentó solucionar con debates y asambleas: ellos con la intención de llegar a un acuerdo beneficioso para todos. Sin embargo, la terquedad de la Corona, radicalizó al movimiento que se volvió más agresivo y que avanzó con la consigna de no retroceder, de ninguna manera, de su objetivo. El 14 de Julio de 1789, la toma la Bastilla marcó un hito histórico para el pueblo, quien con tal acción ganó un terreno decisivo en la capital y fue arrinconando, cada vez más,  a la Corona. Mientras,  la lucha se hizo más intensa y la gente sentía de forma más aguda las penurias de una guerra: ya no había qué comer ni cómo alimentar a sus hijos. Las mujeres, en especial ellas, eran quienes encontraban los precios cada vez más altos  y los productos cada vez más escasos: les era imposible hacer las compras en los mercados. En las mujeres,  recaía esa responsabilidad.

Todos  estaban enfurecidos, hambrientos, desesperados: los ánimos caldeados. Fue entonces cuando un cinco de octubre de ese mismo año empezó, desde los mercados, la marcha a Versalles. En el frente estaban las mujeres quienes  marcharon a Versalles cansadas de no encontrar que comer,  marcharon  armadas con cuchillos de cocina y otras armas improvisadas. Motivadas por la desesperación de madres que veían morir a sus hijos de hambre. Ya no había vuelta atrás, rompieron las rejas que protegían el ostentoso Palacio Real. Entraron sanguinarias, matando a guardias reales. Dicen que la reina María Antonieta se salvó por minutos, que salió corriendo por los pasillos secretos y logró protegerse en el cuarto del Rey Luis XVI justo a tiempo. Después de esto,  los reyes fueron obligados a dejar Versalles y a mudarse a París.

Por supuesto que fue la participación de todos, pero es de destacar  la determinación de ellas, lo  que logró arrinconar al rey de Francia. Lo escoltaron hasta el degradado Palacio de las Tullerias en Paris. Luego de este hecho los reyes intentaron huir a Austria, tierra de la reina María Antonieta, pero fueron capturados antes de cruzar la frontera y condenados a la guillotina. Esto marco el final de la monarquía francesa.

Varones y mujeres oprimidos por una monarquía decadente pusieron fin a los años de abuso. El pueblo exigía igualdad de trato, de oportunidades, su derecho a elegir quien los represente.  Esa idea de libertad, que significaba que nadie era dueño de otra persona y nadie tiene derecho sobre ti. Lo exigieron todos  en aquellos años, con su grito Liberté, égalité, fraternité.

Sin embargo, en elmomento de redactar el documento que sustentara dicho pensamiento, excluyeron a las mujeres. Olympe de Gouges sabía que no era justo que esas mujeres que habían arriesgado su vida en esa lucha quedaran apartadas, sin libertad y sin igualdad. Fue entonces  cuando decidió demandar en una asamblea pública que las mujeres sean incluidas explícitamente en tal documento. Después de todo, si igualdad era lo que se estaba reclamando en ese tiempo, se debería incluir a todos, más allá de su sexo o raza, todos debían gozar de ese derecho. Su pedido ciertamente fue denegado. Luego,  tras ser ignorada por sus compañeros, Olympe de Gouge decide escribir un libro llamado Los derechos de la mujer y de la ciudadana. Este libro es básicamente el mismo documento, pero reclamando los derechos de la mujer. En el año 1791 se publicó el documento en donde ella exponía temas como el derecho de la mujer de votar, la igualdad, la participación de las mujeres en política, educación, igual participación en la familia y en la iglesia, derecho al divorcio, reconocimiento paterno de los niños fuera de matrimonio, pidió protección de la infancia y de los desfavorecidos, instauración de centros de maternidad. Ella sentó las bases de los Derechos de Mujer en la sociedad.

Un personaje de avanzada a la que le debemos mucho. Lamentablemente por esta publicación ella corrió la suerte de muchos en plena época del terror, fue condenada por sus propios compañeros de lucha a muerte por la guillotina y puesta como ejemplo de lo que le podía pasar a las mujeres que se quieran rebelar. Bastante irónico, casi un chiste de la ambigüedad. Algunas otras mujeres de gran valor fueron condenadas de la misma manera y las mujeres fueron reprimidas por exigir su derecho.  La represión hacia ellas se volvió más violenta en el periodo de Napoleón. En fin, lograron callarlas, los tiempos fueron bastante difíciles y violentos. Supongo que se puede decir que ellas retrocedieron en los años siguientes. Después de todo, mantenerse con vida y encontrar qué comer se volvió en  una de las necesidades principales. Sin un rey y con un Estado inestable, había que hacerse cargo de las prioridades. Este retroceso no fue un acto de cobardía, solo una pausa.

Creo que cuando la causa es justa, no se olvida. Las mujeres apelaron a la lógica, a los derechos básicos y con la razón de su lado, se volvieron a levantar para hacer valer ese derecho por que cual años atrás habían luchado. Ellas tenían razón, no hay represión suficientemente fuerte que gane frente a lo que es justo. En el año de 1946, las mujeres sufragistas en Francia lograron su derecho al voto. Con este logró luego se fueron cumpliendo los requerimientos que alguna vez Olympe de Gouges exigió en aquella asamblea de 1791. Ella fue mujer que nunca dejó de luchar.  Sus escritos se constituyeron en uno de los fundamentos del movimiento mundial llamado las sufragistas, también conocida como la segunda ola del feminismo. La condenaron a muerte pretendiendo dejarla en el olvido, pero eso afortunadamente no pasó. Todo lo contrario, hoy en día ya no hay forma de borrarla de la historia. Y aunque aún no se ha logrado aún una sociedad ideal, porque los cambios, las correcciones, no se dan de la noche a la mañana, los cambios se dan después de muchos tropiezos y con mucha constancia.

Por lo tanto les pido a ustedes quienes seguramente hacen más que yo, que a pesar de las frustraciones que podemos encontrar, mantengamos esa constancia, que nos hizo alcanzar nuestro derecho al voto, a una educación, a una igualdad salarial. Sigamos constantes y persistamos en lograr nuestras metas. Todo esfuerzo y todo triunfo de la mujer – de lo más pequeño a lo más grande – sirve como aporte para lograr una sociedad en donde tengamos los mismos derechos, no solo en el papel y en el discurso, sino en la concreta realidad de cada día.

 

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