Se presentó nuevo “Diccionario de americanismos”

 

¿Qué tienen en común las palabras «afilar», «barbear», «botonear», «culebrear» o «desmamonar»? Que todas ellas significan lo mismo, «adular», pero son empleadas en diferentes países de Hispanoamérica. Si en alguno de ellos le llaman «roncón», se referirán a usted como a una persona «valiente». Para elogiarle de la misma manera utilizarán «agalludo» en países como Colombia, Cuba o Argentina, donde, ojo, también puede entenderse como «persona que tiene afán desmedido por las riquezas»; mientras que si se toma demasiadas «bichas» (cervezas) en Nicaragua es lógico que termine con una gran «riata» (borrachera). Pero tenga cuidado con la primera acepción pues en Cuba su significado es muy distinto pues se refiere a una prostituta.

 

Encuentro esta nota en el diario Abc y creo que vale la pena rebotarla en esta zona (zona que tengo un tanto de lado mientras acabo de corregir un aburrido libro de redacción cuyo editor me tiene cercado hasta que termine).
Estas y muchas más interpretaciones, hasta 120.000, son las que reúne el «Diccionario de americanismos», confeccionado a lo largo de diez años por las veintidós Academias de la Lengua Española, que acaba de ser editado por Santillana. Un volumen que en sus más de 2.300 páginas acoge 70.000 entradas, con definiciones claras, precisas y objetivas, que abarcan las diversas variantes del español hablado en Hispanoamérica, incluidas las etnias indígenas y las lenguas indígenas vivas.
El volumen es un mapa geográfico del español que muestra su riqueza lingüística en toda su amplitud, deteniéndose tanto en el acervo más popular como en el lenguaje de las jóvenes generaciones. Basta asomarse a él para comprobar el trabajo exhaustivo realizado. Son precisas casi dos páginas para reunir las distintas acepciones de «agua», que en Cuba significa «borrachera»; mientras que «agua de culo» en El Salvador es un brebaje que da una mujer a un hombre para retenerlo. Si pide en Ecuador «agua de vieja» le ofrecerán una bebida de propiedades medicinales.
Entre «las grandes novedades» del texto, que ha sido confeccionado y corregido por lexicógrafos españoles e hispanoamericanos pertenecientes a las veintidós academias, se encuentra una larga lista de sinónimos que aparecen reunidos al final en un índice sinonímico, donde podrá comprobar que si le espetan términos como «abismado», «aboyado», «babosota», «lentejo», «mata de pelotas» o «mente de pollo», le están llamando, simple y llanamente, «tonto o bobo». Si hablan de «ratón», «tongo», «gorila» o «camarón» se están refiriendo a un policía. En cuanto a palabras más comprometidas, tome —y no coja— el diccionario y revise términos como «abrochar», «afilar», «fusilar», «sacarle punta al lápiz», «chiflar», «atornillar», todas referidas a «realizar el coito», que en Chile se traduce en la expresión «afinar el piano», muy lejos de la acepción musical española.

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