VICTOR TIBURCIO ALIAGA

Victor Tiburcio es un gran amigo a quien conozco y aprecio como poeta. Su labor poética obtuvo, entre otros méritos, Los Juegos Florales de la Universidad Católica. Modesto él, no quiere fotografía, y me envió la pequeña nota que a continuación cuelgo. Víctor Rómulo Tiburcio es un fantasma que revive cada tiempo absorbiendo la poca sangre que le queda al parasitado cuerpo que posee de vez en cuando. Disfruten de la historia.SOBRE LA EVASIÓN UNIDIMENSIONAL
PASO I

Eso es lo que siempre me mareará, y tus reacciones ilimitadamente punzantes y ausentes de ballet.

Un día escupiré más lejos que los demás mientras algún artefacto ha de sobrepasar los austeros puntos delimitados en conciencias, que han sido vestidas de añil para ser protagonistas de algún poema perdido y deidificado en sinónimos de escafandras que me permitirán ver en el vacío.
El vacío de los dioses, nunca será llenado hasta que me aparezca el día de la luz que ya se ha marchado, sin mí y el pasajero del hombre que intentó ser pájaro

Le dirá compungidamente el ser que acababa de salir de las sombras.

El sol no podrá ni verlo,

El hombre siguió en su obscura esquina invocando como si el estado de las cosas fuera un caos potencialmente correcto y seguido en 231 normas isométricas que se entrecruzarían unas a las otras, sin que te pudiera ver una vez más y puedas calentar las mañanas, sin aquella ultravioleta violencia decantándose entre mis poros.

Pero el sol solo podrá continuar

PASO II

Espera con ansias cada fin de semana para poder cruzar el cuerpo yacente, con los senos graníticos al aire y que abra su canal negro para poder introducirte en él , saciarte de su atmósfera y sus olores; y disfrutar hasta el éxtasis el roce que da la velocidad de mi coche y su superficie de asfalto que resplandece ante mis ojos.
Las estrellas son linternas que iluminan más en el desierto sumido en la obscuridad de luces fingidas, me gusta aparcar y apagar las luces para disfrutar un instante del silencio que se goza al no tener auto, ni ropa, ni destino, ni origen, salvo la inmensidad de la obscuridad donde sólo se distinguen sombras que no puedo identificar.
Luego daremos la vuelta y regresaremos al auto junto al destino y al origen, para avasallarnos durante unos días esperando poder refugiarnos en los brazos negros de esa amante sin cuerpo que nos ayudará a vivir unos pocos días más.

PASO III

Remolonamente el tiempo habrá pasado sin dejar de toser uno que otro pulmón azul.
Así, en vez de cuando en cuando, se retirará uno a los verdes campos que ya tanto hemos pisoteado.

Capitalmente dejaremos la provincia de nuestro cerebro en un rincón imposible de ser verde hierba, diez micro cosmos agazapados en una risa absurda que se va escapando a través de la densa neblina de los puntos y comas desvanecidos en la hierba que ya dejó de ser azul y expulsada como si yo fuera a delimitar mis pensamientos para que me vayan entendiendo o acaso mi cerebro funcione a la débil luz de mis torpes e incautas manos siniestras

Hoy terminé una sonrisa que había estado trabajando desde que me acuerde tenia 89 años en la dulce calma del río que fluía hacia los lados y podía beber de espaldas el delicioso hielo crujiente en mis entrañas expuestas al doble filo ausente de las navajas armadas de plumas que herían el color de los lugares sempiternos pero no divaguemos, era una sonrisa concluida la que me había traído y lo más gracioso es que no duró tanto como el desenvuelto rollo de aspergesias entrometidas en un dios antiguo, sin reflejos que destrozar en miles de trizas, cuando como hoy empieza a llover sin previo aviso y empiezo a sentir que me arde el rostro.

Entonces se detendrá el tren en el que rápidamente viajaba y alguno que otro creerá reconocerme sin saber que yo los desconozco a todos

Después de haber enseñado pudendas misivas que tras un corto deliberar se debió entender como una proposición o algún que otro recuerdo plomo de las familias de cada uno de los seres que ahora se reducen a cabezas que necesito despotricar de su caballo enorme pero inútil amarrado al camino sin poder correr libremente por el caos y su orden milenario y a gran escala
Difícil de entender desde esa altura

Falta aún por decir todas las letras del idioma en el que hablo hoy sino ningún libro estaría completo y no se podría terminar de leerlo y saltar del asiento y empezar a gritar calato por la calle para que el autor orgullosísimo él salga por su balcón y salude con ambas manos tu ahora terminada sonrisa que desde hace 89

Creo

Bueno, todo esta borroso y encima calato en medio de la plaza y ella mirándome.

PASO FINAL

El paraíso acaba de ser perdido; a veces Milton se enreda en dosis sistemáticas e inexorablemente bifurcadas en diócesis completas y decantadas en dos minutos de oficinas y trabajos y gentes y muchas caras que odio o ignoro completamente.
Descansa; reposa diez segundos toma aire sin sentir que se están efectuando grandes procesos químicos dentro tuyo, siente como vas muriendo día, a día; vivido sin que valga la pena y deja un solo segundo de mirar atrás del espejo buscando aquella espalda perdida en la vuelta que ya no tiene regreso ni final ni un vals con su par de chelas encumbradas en la mano dedicada a levantarlas y engullirlas sobre todo cuando hay sol, cuando hace frío, cuando tengo hambre o no hay mucha o tengo fiebre o tus ojos han sido demasiado insidiosos o simplemente han pasado sin mirarme. En fin, el sentido de levantarse es no estar tirado, como los dados cuando quiero jugar y no los tiro y entonces ya no salen sietes ni tres y me quedo quieto esperando que se vuelvan a cambiar en el adoratorio de la vieja griega suerte que ya no anda tan rápido como antes en los que no había tinkas ni mucho menos arroz chaufa o menú de a sol, ni de fa ni mi ni la, ni música ni el hemisferio sur había sido desencajado de algún lugar inexplorado por los tsunamis o me fui al regio lugar de ensueño y pesadillas imposibles pero que son irremediablemente creídas cuando por mas que intento no puedo dejar de soñarlas o el insomnio se ha apoderado en débiles pero numerosas gotas cuotas de sudor de aquella miserable muesca de alguna rueda de mi memoria

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